Pasa el tiempo. Corren los minutos. Volamos. Las doce y media. Es de noche y apenas si puedo ver estrellas por la pequeña ventanilla. Ventanilla o pasillo. Eliges. Siempre hay elección. Volar o quedarse en tierra. O volar anclado a la tierra, con los pies bien dentro de ella.
Suena Björk. Sólo una canción suya me acompaña ahora. No tengo papel, y escribo sobre el catálogo del duty free, entre unas letras y unos pendientes de perlas cultivadas.
No hay casi luz. Me ilumina la de mi vecino de atrás. Vecinos. Desconocidos. Unos duermen, otros leen, pasean, ven una película... no hay mucho más que hacer aquí. Bostezos. Hambre, sueño, aburrimiento. Una mezcla de todo. Apenas nada.
La luz parpadea. Me arropo, quizás ella también sienta frío, y es por ello que tiembla. Una nueva luz se ilumina. Somos más los despiertos que los dormidos. Medianoche. Al alba llegamos. Despertará un nuevo día, una nueva ciudad: un nuevo mundo.
Mis dedos hacen sombra sobre las letras, se dibuja y desdibuja la forma de un boli prestado. Unas palabras prestadas. Pronto se acabará la música. Tendré también que escuchar música prestada.
Cada vez más cerca. Cada vez más lejos. Lejos de dónde. El hogar... refugio infinito, reposo en la batalla, fuente de la que beben los sueños. El hogar... estará allá donde yo esté, o no, o ya no lo sé. Sueño. Sueño y frío. Sonrío. La sonrisa cómplice de una tarde de domingo, de una estación de tren, de cualquier aeropuerto. Paso a paso camino despacio sobre el presente. Volamos.
Es casi la una. Qué país sobrevolamos. Luces en la lejanía, pequeñas, muy pequeñas, no sé qué alumbran... Una carretera, un camino, una calle hacia algún lugar que aún desconozco. Desconocidos.
Se acaba el papel. Se acaba la música. Se apaga la luz. Hace frío.
A medio camino entre Madrid y Bangkok.
Octubre de 2009
Málaga, 2009 

"Y la música comienza cuando se acaba el lenguaje"
Aquí, allí... Julio, 2006
Allí, aquí... Julio, 2007


